A) Algo sucede entre el gato y yo. Estaba mirándolo desde mi
sillón cuando se puso tenso, irguió las orejas y clavó la vista en un punto muy
preciso del ligustro. Yo me concentré en él tanto como él en lo que miraba. De
pronto sentí su instinto, un torbellino que me arrasó. Saltamos los dos a la
vez. Ahora ha vuelto al mismo lugar de antes, se ha relajado y me echa una
mirada lenta como para controlar que todo está bien. Ovillado en mi sillón,
aguardo expectante su veredicto. Tengo la boca llena de plumas.
Raúl Brasca
B) Hablaba, y hablaba, y
hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una
mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar,
y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de
todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido
que pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de
ojo. Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le
metí la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no
hablar: se le reventaron las palabras por dentro.
Max Aub
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