A)Ella
le dijo: “Te dejo mi perfume, ahora debo regresar con mi marido.”
Él, prometió
esperarla, envuelto en ese aroma de flores que había quedado entre las sábanas.
Durante toda la noche soñó con ella, con el instante en que volvería a tenerla
entre sus brazos mientras el perfume se adueñaba de su nariz, de su cuerpo, se
mezclaba a su sangre y corría turbulento por las venas.
A la mañana, por
la ventana abierta, entró el olor del carro recolector de basura que acababa de
pasar por la calle, el violento aroma del excremento de los caballos, los
efluvios de los alimentos podridos, el árido rastro de materia descompuesta.
Por la tarde, cuando ella entró de nuevo en la habitación, su perfume había
sido reemplazado por el desodorante de ambientes, y él, no la reconoció.
Eduardo Chaves
B)Yo
osé decir: - Vas a necesitar un felpudo.
Uno de los amigos
preguntó. ¿Qué es un felpudo?
Todos lo miramos.
-Ya sé- se defendió.
Es algo con felpas, como un silloncito.
Todos
empalidecimos.
Inmediatamente –
porque hay que ver cuanta sed de conocimiento tienen los chicos de hoy en día –
agarró el celu y buscó en google.
- Ah, si…- dijo.
Mi vecino tiene uno en la puerta, pero pensé que se llamaban joumswitjoun.
Silvia HaydéeSecchi
Icebergs, 2016
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