-¡Oh! -les respondió el río- aun cuando todas mis gotas de agua se convirtieran en lágrimas, no tendría suficientes para llorar yo mismo a Narciso: yo lo amaba.
-¡Oh! -prosiguieron las flores de los campos- ¿cómo no ibas a amar a Narciso? Era hermoso.
-¿Era hermoso? -preguntó el río.
-¿Y quién mejor que tú para saberlo? -dijeron las flores-. Todos los días se inclinaba sobre tu ribazo, contemplaba en tus aguas su belleza...
-Si yo lo amaba -respondió el río- es porque, cuando se inclinaba sobre mí, veía yo en sus ojos el reflejo de mis aguas.
Oscar Wilde
B) Dice que se ocultó en el sótano para esperar al fantasma. Se acomodó a lo largo de la línea en que la pared se besaba con el piso, y apoyó su cabeza clara en un redondel de sombra.
Cuenta que se durmió y que en el sueño una figura celeste subía y bajaba las escaleras, y cuando subía era mujer pero bajaba varón y, al final se hacía polvo radiante enroscándose en el rayo de luz que se filtraba por la cerradura. Y dice que fue una pena no haber podido descubrir al fantasma.
María Cristina Ramos
La secreta sílaba del beso
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