A)La abuela le había dicho que los padres estaban de viaje, pero según la
niña, el tiempo para que regresaran se hacía demasiado largo. Pasaba largas
horas en el jardín, sin mirar nada, solamente esperando. Una tarde, desde el
seto que tenía esas flores tan bonitas y coloridas que se llaman “conejitos”,
apareció el duende.
- Hola – le dijo – No esperes más, ellos no
vendrán. Pero aquí estoy yo para acompañarte.-
Dijo llamarse Brunildo. La niña, apenas
entró a su casa, le contó a la abuela.
- Niña - dijo la abuela – cuidado con las
fantasías, uno termina perdiendo la cabeza.-
La niña siguió visitando a Brunildo en el
jardín y gracias a él no perdió la confianza en la vida. El tiempo ha pasado,
hoy es una mujer, se ha enamorado y recuerda aquél amigo que tal vez aparezca
en otra casa, en un jardín donde una niña solitaria necesita soñar para olvidar
su duelo.
La abuela ha envejecido mucho y ahora es
ella la que recibe cada noche, la visita de un duende que no se llama Brunildo
sino Frederik.
Pero esta vez, la niña que es mujer, no le
quita a la abuela su necesidad de imaginar.
Eduardo
Chaves
B) Él: - No es un I-Pad. Es un I-Fone.
Yo: -Y esto no es una parrilla plástica.
¡Es un tender!
Cuando me miró perplejo, me di cuenta que
no domina todo el vocabulario técnico.
Silvia
HaydéeSecchi
Icebergs,
2016
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