lunes, 30 de julio de 2018

06


A)La abuela le había dicho que los padres estaban de viaje, pero según la niña, el tiempo para que regresaran se hacía demasiado largo. Pasaba largas horas en el jardín, sin mirar nada, solamente esperando. Una tarde, desde el seto que tenía esas flores tan bonitas y coloridas que se llaman “conejitos”, apareció el duende.
- Hola – le dijo – No esperes más, ellos no vendrán. Pero aquí estoy yo para acompañarte.-
Dijo llamarse Brunildo. La niña, apenas entró a su casa, le contó a la abuela.
- Niña - dijo la abuela – cuidado con las fantasías, uno termina perdiendo la cabeza.-
La niña siguió visitando a Brunildo en el jardín y gracias a él no perdió la confianza en la vida. El tiempo ha pasado, hoy es una mujer, se ha enamorado y recuerda aquél amigo que tal vez aparezca en otra casa, en un jardín donde una niña solitaria necesita soñar para olvidar su duelo.
La abuela ha envejecido mucho y ahora es ella la que recibe cada noche, la visita de un duende que no se llama Brunildo sino Frederik.
Pero esta vez, la niña que es mujer, no le quita a la abuela su necesidad de imaginar.
                                                                                                               Eduardo Chaves

B) Él: - No es un I-Pad. Es un I-Fone.
Yo: -Y esto no es una parrilla plástica. ¡Es un tender!
Cuando me miró perplejo, me di cuenta que no domina todo el vocabulario técnico.


Silvia HaydéeSecchi
Icebergs, 2016

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